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El Buenmozo
Claudia Riquelme [49], Olga Mercado [53] y Juana [68], Rosa [61] y Angelina Naranjo [54] son eruditas del servicio de la vieja escuela: conocen al dedillo el nombre y las mañas de cada uno de sus clientes. Los encaminan con amabilidad desde que cruzan la entrada hasta que se sientan a la mesa, a paso corto y rápido, siempre parlanchinas. No anotan ni preguntan dos veces un pedido. Sus cuellos y puños lucen todo el tiempo impecables. Y se dan el gusto de preparar personalmente el pebre que le sirven a sus comensales.
El día en que Claudia Romero [40] fue ungida para ser la primera mujer en ser jefa de garzones del restorán El Ancla, sus compañeros le cantaron a coro la canción de Juanes: Tengo, tengo la camisa negra…“¡Lloré a mares! Por fin tenía la camisa negra, la de la jefa. Pensé que me estaban tonteando, porque yo veía que pasaban y pasaban hombres por ese cargo, pero ninguna mujer”.
La primera vez que Roger Cárdenas [26] viajó en avión, se la pasó llorando durante todo el vuelo. Paradójicamente para el hoy mesero de Pomeriggio Bistro, esa primera experiencia en los aires significaba, al mismo tiempo, regresar a su país. No había visitado a su querida Venezuela en dos años, y las emociones en la previa de aquel aterrizaje fueron incontenibles.
Para tener una gran experiencia gastronómica no basta con que el lugar tenga onda y la comida sea exquisita. Tiene que haber también un servicio impecable. Informado, prolijo, ágil, apasionado. En el Milá nos dimos cuenta de eso. Y nos dio por filosofar al respecto. Conclusión: ya que en Jigger no teníamos una sección adecuada que resaltara el arduo trabajo de los buenosmozos, inventamos una. Campari invita.
Los que amamos el sushi sabemos que no siempre es fácil encontrar un lugar que conjugue rica comida con excelente servicio. Y resultó ser que, luego de mucho buscar, dimos con ZUKI Lounge y su muy particular forma de atender al cliente. Aquí, en una sección que subraya el buen trabajo de los garzones, te contamos cómo trabaja este buenmozo.
José Mario San Martín sabe de magia. Todo comienza cuando habla, te cuenta su historia y te captura con su relato. O cuando llega a la mesa para atenderte y tú, sin darte cuenta, quedas a su merced. A tal punto, que puedes terminar pidiendo algo que no tenías en mente. Ese es el arte de la buena atención. Algo que aprendió a los 16 años, cuando comenzó como copero en Drive to Door.
El azar. El destino. Y un poco de suerte. Para Felipe Rodríguez, encargado de sala del restaurante italiano Brunapoli de Nueva Costanera, llegar a ser garzón fue por esas casualidades de la vida. A sus 16 años empezó a pololear y necesitaba generar plata para poder invitar a salir a su joven novia. Una familia de amigos de Felipe tiene hasta el día de hoy un negocio en el Mercado Central.
El servicio le ha dado cosas buenas a Reimon del Rosario. Una de ellas es el amor. Un mar calipso y arena clara fueron la postal de su romance con Claudia Tillería, chilena que se fue de vacaciones a La Romana, en República Dominicana.
TXT: Loreto Oda IMG: Matías Troncoso Roberto Vallejos Ramírez, La Cabrera “No me preocupa que el cliente me recla- me, porque a eso se le puede dar solución. Me preocupa más cuando el cliente se para y no me abraza”. Siempre hay que sonreír. Eso fue lo primero que aprendió Roberto Vallejos cuando, por esas...